Mi mundo en guerra. ¿Cómo está tu economía?…

VisiónPaís/ marzo 5, 2026/ Sin categoría

Marzo 3 .2026

Por Adrián Legaspi*

El sábado 28 me levanté a las 9:00, dispuesto a tomar un desayuno tranquilo antes de encontrarme al mediodía con un grupo de excompañeros del colegio secundario.

Prendí el televisor y vi imágenes de misiles impactando distintos puntos de Israel e Irán. No pude distinguir si los objetivos alcanzados eran militares o civiles. En pocos minutos llegué a la conclusión de que el alcance del conflicto en Medio Oriente —entre Estados Unidos, Israel e Irán— tiene una dimensión enorme, capaz de transformar nuestras vidas a pesar de lo lejos que queda esa región de Argentina.

Fui a almorzar con mis excompañeros; lamentablemente faltaron varios. Uno de los pocos que vino, aprovechando la mayor intimidad, me preguntó casi de pasada:

—Mi economía está hecha un desastre. ¿Cómo podría afectarme esta guerra si está tan lejos?.

Mi respuesta, casi sin pensarlo, fue: ya nada queda lejos. Es más: la guerra está a la vuelta de la esquina.

Puede parecer una exageración, sobre todo si pensamos en la crisis industrial y de consumo que atraviesa Argentina, más la crisis del sistema previsional. Sin embargo, los efectos de un conflicto bélico no se limitan a las noticias: tienen impacto en la economía doméstica.

¿Qué ocurre cuando hay un conflicto en el Golfo Pérsico o en Medio Oriente? El primer efecto inmediato que se refleja en los mercados mundiales es el aumento del precio del barril de petróleo.

Siendo las 14:47 del lunes 2 de marzo, observé que el crudo WTI (EE. UU.) había subido 5,28% y el Brent (Reino Unido) 5,82%. Claramente, el conflicto puede provocar un aumento importante en el valor de los combustibles si se prolonga en el tiempo.

Vale recordar que Irán es un productor significativo de petróleo y que limita con el estrecho de Ormuz, por donde se transporta alrededor del 20% del petróleo mundial. Por lo tanto, el primer efecto del conflicto será el aumento del precio de los combustibles, en función de su extensión.

Otro sector que se verá afectado es el de las compañías aéreas. Aunque Aerolíneas Argentinas no vuele por esas regiones, los fondos de inversión que poseen acciones de aerolíneas pueden desprenderse de esos activos y buscar refugio en otros, como el oro o la plata. Siendo Argentina un país emergente que busca ingresar a los mercados internacionales de deuda, también es probable que estos fondos revisen su posición respecto a los bonos argentinos.

Si los inversores compran bonos argentinos, el riesgo país bajará. Si, por el contrario, buscan refugio en activos con menos riesgo, es probable que dejen los bonos argentinos y opten por, por ejemplo, los bonos del Tesoro estadounidense. Es decir: este conflicto tendrá efectos sobre el riesgo país de Argentina. Esto nunca es un detalle menor. El Gobierno argentino acaba de emitir un bono en dólares con una tasa del 6% para hacerse de divisas ante los vencimientos que tiene el Tesoro a mitad de año.

Además, la persistencia del conflicto puede reducir el ingreso de dólares por inversiones directas y por turismo receptivo (el turista extranjero que llega en avión), siempre dependiendo de la duración del conflicto.

Descripto este escenario negativo, lo que más preocupa de forma inmediata es el costo de los combustibles y la financiación externa: en un caso, el aumento de los combustibles traerá inflación —es decir, un incremento del costo de vida—; en el otro, podría generar volatilidad y un aumento inesperado del tipo de cambio.

También puede haber sectores beneficiados. Cada vez que hay una guerra tiende a caer la demanda de bienes de lujo y de consumo durable, pero no así la demanda de alimentos y materias primas, que suele aumentar.

En un país como Argentina, altamente dependiente de la exportación de materias primas como la soja y el trigo, un aumento en la cotización de estos commodities podría beneficiar a los productores. A su vez, esto puede trasladarse a un aumento de precios internos —por ejemplo, de la harina y del aceite— y, en consecuencia, a un mayor costo de vida.

La conclusión que le expresé a mi excompañero fue:

“Una guerra es una tragedia en sí misma y, aunque esté lejos y no intervengamos militarmente, además del dolor por la muerte de inocentes, siempre tiene consecuencias económicas que derivan en otras consecuencias sociales”.

Es inevitable: como decía el filósofo Marshall McLuhan en el siglo pasado, vivimos en una aldea global y, a medida que avanza la historia, más cerca unos de otros estaremos.

El tiempo, los acontecimientos y la política internacional nos irán informando sobre los cambios que este conflicto generará para nuestro pueblo y para el mundo.

Fuente: El Agrario
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