PERONISMO PARA REARMAR
Por Abel (El blog de Abel)
Diciembre 14, 2025
En esta Argentina ciclotímica, encuentro que la militancia peronista está desanimada. Quiero precisar esto, para que no me acusen de vender depresión: lo dicen análisis de lo que se lee y escucha en las redes. Porque, a pesar de manifestaciones masivas pero puntuales, casi todos los días del año los compatriotas con motivación política no se expresan en las calles, sino en el mundo digital.
No hay porqué avergonzarse: ese es nuestro entorno social más extendido en estos tiempos.
Y en todo el mundo, en los años recientes, las convulsiones fueron anticipadas en las redes.
¿Por qué empiezo con esto, si voy a hablar de rearmar el peronismo? Porque, aunque en X mantengo el avatar de Maquiavelo, aquí no me dirijo a los príncipes, sino a los militantes.
Más preciso: escribo esto para los compatriotas con un compromiso doctrinario y político con el peronismo. Reconozco que tienen motivos válidos para sentir desaliento: fueron derrotados hace 3 años y días por un rival inesperado, que les ganó con un discurso que no podían creer que una mayoría de los votantes podía aceptar.
Y en este cuatrimestres sufrieron dos shocks alevosos para el equilibrio emocional: el triunfo del 7 de septiembre en Buenos Aires, la derrota del 26 de octubre en la misma PBA y en casi todo el país.
Pero, en la opinión de este bloguero, el malestar de los peronistas «de a pie» tiene una raíz más profunda: hoy sólo minorías intensas y comprometidas reconocen algún liderazgo nacional. La mayoría de los peronistas tiene expectativas, críticas, pero sobre todo se siente incómoda con una pelea interna donde no se levantan programas, consignas o banderas distintas. Sólo ven una lucha entre individuos, y solamente los que están enamorados de o envenenados contra algún liderazgo en particular se sienten motivados a participar.
Por mi parte, me animo a decir que esa cuestionada franja dirigencial, la que no se conforma con sus privilegios personales o sus quintitas, está haciendo lo que Maquiavelo les aconsejaría hoy: compiten por el poder político.
Agrego que la construcción de ese poder no es individual; siempre la hace un colectivo. Apoyen al que les gusta, o al que le desconfían menos. Tengan presente que ese poder político hoy lo tiene Milei. La participación en política es, necesariamente, también en la competencia interna.
Puede ser que Peluca termine derrotado por sus propios errores. Suele pasar con los presidentes argentinos, pero no hay ninguna garantía que el sucesor sea el peronista favorito de uno. Hay mucha competencia. Hasta aparece ahora un pastor evangélico anotado.
Pero existe, por suerte, otra tarea necesaria. Por su naturaleza, corresponde sobre todo a los militantes. O, para usar un término con menos carga romántica, a quienes tienen un compromiso con las ideas del peronismo y con su trayectoria histórica, en sus mejores momentos, en defensa de los menos favorecidos y de la soberanía nacional.
La tarea es debatir las nuevas ideas y propuestas que deberá plantear el peronismo a una sociedad argentina que cambió mucho desde 1945. Y desde 2003.
También cambió desde 2023. El experimento Milei no pasará sin consecuencias.
En concreto, lo que estoy diciendo es que los peronistas, ese conjunto diverso y bastante dividido, tendrán que asumir el esfuerzo de instalar el clima social que reivindique valores como ésa solidaridad, el patriotismo, sin que aparezcan mezclados que lo que la sociedad aprendió a rechazar: la tolerancia con la inflación acelerada, la creación de «kioskos» desde el Estado…
No es una idea nueva ni original. Ya se hizo entre nosotros desde hace una década, más o menos. Por usinas globales. Cierto; el mundo digital está globalizado por su propia naturaleza. Pero también por un sector de nuestra juventud, hartos de consignas que ya les sonaban vacías.
La construcción de un nuevo «clima social» es posible, entonces. Y hasta puede ser más fácil, el contenido es más cercano a la identidad argentina que el individualismo egoísta que se impuso con el nombre de «libertario».
Pero seguro no será simple, ni definitiva. La Argentina y el mundo siguen cambiando, cada vez más rápido.
Fuente El Blog de Abel (Pensando en voz alta)
