LA ESPERANZA

VisiónPaís/ noviembre 24, 2024/ Sin categoría

Ilustración Rubén Borre

Por Juan Carlos Romero López**

Noviembre 24, 2024

Circulan por las calles de Buenos Aires miles de soldados del hambre. Revuelven los contenedores de basura buscando restos de comida, ya no cartón, plástico o bronce, porque cien kilos ya no alcanzan para comprar un pan.

La tragedia se repite en cada ciudad del país y se agrava día tras día.

Cientos de miles que aún trabajan fingen demencia, y muchos celebran el «castigo» que los miembros de la casta gobernante infringen a los de la casta anterior, esa que en su mayoría les vota todo en el Congreso o bien sigue hablando de institucionalidad mientras cierran fábricas y empresas a diario y los jubilados mueren de desgano e impotencia.

Miles repiten que la inflación bajó al 3% mensual, mientras el pollo, el desodorante, el queso, las uvas, los trapos de piso, la luz, el gas y los tomates suben un 15% de piso y  sin previo aviso.

Los profesores de yoga, los peluqueros, los paseadores de perros y tantos otros van perdiendo tres o cuatro clientes cada mes. Ya no les alcanza lo poco que ganan para llegar al día 14.

Los estatales rezan cada noche para que no les llegue el telegrama. Un millón de pibes se va a la cama sin cenar.

Muchos pasaron de creer que el payaso psicópata se iba en un mes a afirmar que se queda ocho años, mientras quienes aún pueden venden de a 300 dólares al mes para seguir teniendo cable y celular, tintura y desodorante.

Sin embargo, todos sabemos que este dólar va a estallar y que esto terminará mal, muy mal.

Esta, y peor aún, es la triste realidad: la insufrible terquedad de los hechos.

Aun así, tengamos esperanza. La esperanza en acción, esa que no sirve para pagarle al verdulero (el pesimismo tampoco), pero que nos da una fuerza transitoria e intermitente, sí, pero necesaria para llegar a ver con nuestros propios ojos el nuevo amanecer de la patria sublevada: los nuevos líderes que saldrán de nuestro pueblo, reemplazando a los ineptos, los cobardes y los corruptos.

Seamos, a través de nuestros actos, esa esperanza en acción. La esperanza que construye, que contagia, que libera.

La esperanza, compañeros, amigos, compatriotas, es el arma más potente que nos queda. Sepamos apuntar con puntería al verdadero enemigo, dejemos el pesimismo con el que nos están venciendo, plantémonos en paz y exijamos la justicia para todos.

**Director del Espacio Cultural Azucena
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