FUERA DE MODELO: LA INDUSTRIA PARA LA DEFENSA EN LA ERA…

VisiónPaís/ febrero 24, 2024/ Sin categoría

…LIBERTARIA.

El proyecto de Ley Ómnibus que Milei envió al Congreso buscó la privatización de las empresas nacionales de defensa, lo que significaría que la Argentina liquide buena parte su industria militar, a contramano de lo que sucede en el mundo. La cuestión no está saldada porque el Gobierno insistirá con las privatizaciones.

Por Carlos de la Vega  

Febrero 16, 2024

Agencia TSS – En la Argentina se conoce bien desde la década de 1990 –durante la presidencia de Carlos Menem– qué significa el vocablo ”privatización” cuando se trata de empresas o sectores estratégicos. Es un eufemismo de “liquidación”.

El 27 de diciembre de 2023, el presidente argentino Javier Milei envió al Congreso de la Nación un proyecto de ley con múltiples temas con el declarado propósito de refundar la Argentina bajo las viejas premisas del laissez faire económico, que bien puede traducirse como “una destrucción planificada”.

En el Anexo I de ese intento de mega norma se enumeraban las empresas estatales del gobierno nacional sujetas a privatización. Eran 41, entre ellas, la Fábrica Argentina de Aviones “Brig. San Martín” S.A. (FAdeA), Fabricaciones Militares S.E. (FM) y Talleres Navales Dársena Norte S.A.C.I y N. (TANDANOR), la cual, se encuentra unida al Astillero “Al. Storni” en el Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR). De la razia se salvaban INVAP, joya tecnológica indiscutida de Argentina, por ser una empresa de la provincia de Río Negro; e IMPSA, con porcentaje accionario minoritario de la provincia de Mendoza.

La ley finalmente se estrelló en la Cámara de Diputados de la Nación, tanto por la férrea oposición de la coalición Unión por la Patria, como por la sorprendente entropía del oficialismo y sus aliados más o menos explícitos. Sin embargo, la cuestión de las privatizaciones no está saldada ya que Milei ha proclamado que seguirá adelante con su plan.

La liquidación, vía privatización, del entramado industrial militar argentino, va a contramano de lo que están haciendo en el mundo los países que esperan tener algún lugar en él, por modesto que sea. En la nueva distribución internacional las industrias nacionales para la defensa cumplen un rol fundamental y están siendo apuntaladas desde y por el Estado. No se trata de hacer lo que el mundo hace con mentalidad de manada, sino en constatar como el poder nacional de los países en cuestión se ha ido incrementando merced a políticas públicas impulsoras del desarrollo y la producción local para la defensa.

Para ver que hacen los países que acumulan poder en lo militar y evaluar que tan lejos de eso está la gestión libertaria de la Argentina es posible distinguir los modelos más paradigmáticos que se pueden hallar en el mundo en la estructuración y gestión de los complejos de desarrollo y producción para la defensa.

En principio podríamos distinguir cuatro variantes: el estadounidense, el francés/israelí, el chino/ruso y el multifacético latinoamericano. Por supuesto, estos modelos son aplicables sólo a los países que tienen un sistema de producción para la defensa.

La Fábrica Argentina de Aviones “Brig. San Martín” S.A. (FAdeA) es una de las empresas que el Gobierno pretendió privatizar. Foto: FAdeA.

 

Estados Unidos, primacía privada con omnipresencia estatal

Es un modelo basado en empresas privadas pero con una injerencia estatal tan importante que aquellas compañías bien podrían ser llamadas corporaciones paraestatales con titularidad privada de la propiedad.

Estados Unidos es la mayor potencia militar del planeta y la injerencia del gobierno en sus empresas para la defensa ha sido tan alta que, tras la caída del Muro de Berlín, cuando se avizoraban fuertes recortes presupuestarios en el sector por parte de Washington, Leslie Aspin, secretario de Defensa en tiempos de la primera presidencia de Bill Clinton, organizó una cena durante 1993 con los ejecutivos de las principales compañías norteamericanas del rubro para indicarles que debían achicar sus estructuras y fusionarse para disminuir costos.

Ese encuentro se conoce en el mundillo militar internacional como “la última cena” y los lineamientos trazados en esa ocasión fueron cumplidos a rajatabla en las siguientes décadas. De libre iniciativa empresarial poco y nada, más bien el Estado orientando y ordenando.

No obstante, la promiscua vinculación entre lo que el expresidente norteamericano Dwight Eisenhower denominara el “complejo industrial-militar” en su célebre discurso de despedida de la presidencia, del 17 de enero de 1961, y el gobierno estadounidense, incluidas sus versiones estaduales y hasta municipales; la relación entre ambos no ha sido, ni sencilla, ni lineal. La dinámica de las “puertas giratorias”, por la cual los funcionarios políticos pasan a ocupar cargos ejecutivos en empresas privadas al dejar sus puestos anteriores, y viceversa, favoreciendo en el camino, en general, a los intereses del sector privado, está sumamente difundido.

Otro tema que en ese país ha pasado de ser una preocupación a constituirse en un condicionante de la viabilidad de los proyectos tecnológico-industriales para la defensa, son los costos. La propiedad privada de las empresas del sector, con su búsqueda constante y a cualquier precio de la rentabilidad, ha llevado a muchos especialistas a señalar este hecho como una de las razones de la multiplicación exponencial del costo de los sistemas de armas en los últimos 50 años.

Por ahora, y apuntalado por la mayor economía del mundo, Estados Unidos no ha colapsado bajo el peso de sus gastos militares pero es perfectamente factible que ello pueda ocurrir en un lapso no tan lejano. La sombra de lo que le ocurrió en este aspecto a la Unión Soviética empieza a proyectarse sobre su otrora vencedor capitalista.

Talleres Navales Dársena Norte S.A.C.I y N. (TANDANOR), que se encuentra unida al Astillero “Al. Storni” en el Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR) es una empresa clave de la industria naval local, que también forma parte del grupo de empresas estatales que el Gobierno quiere pasar a manos privadas.

 

Francia/Israel, conducción estatal, producción pública y privada

Aunque Francia e Israel sean dos países muy distintos, en el diseño de sus sistemas de producción para la defensa tienen una significativa similitud. En ambos hay un organismo estatal rector del sector, en los dos la columna vertebral del entramado productivo para la defensa es estatal, y también hay importantes empresas privadas.

En Francia, el organismo rector es la celebérrima DGA (Direction Général de l’Armement/Dirección General del Armamento) perteneciente el Ministerio de las Fuerzas Armadas galo.

La DGA es un organismo netamente técnico bajo conducción civil, que en 2022 ostentaba 18 delegaciones en toda Francia, 10.206 empleados, entre civiles y militares, 80 proyectos en gestión o supervisión, 16.000 millones de euros de adquisiciones militares a su cargo y 1.100 millones de euros en inversión en investigación y

desarrollo; que participa, a su vez, en la promoción comercial en el exterior de los bienes y servicios elaborados por la industria para la defensa francesa.

Con respecto a las empresas, dos de los principales bastiones de la defensa francesa y europea son Airbus y Thales. En la primera (cuya denominación societaria actual es EADS – European Aeronautic Defense and Space Company), especializada en el rubro aeroespacial y militar; en el año 2020 el Estado francés poseía el 11% de las acciones, el alemán el 10,9% y el español el 4,1%. Este porcentaje accionario le permite a los países socios controlar de hecho a la compañía, e incluso en los últimos años se ha estado negociando el incremento de esas participaciones societarias.

En Thales, especializada en cuestiones de electrónica e información para la defensa, aunque cotiza en bolsa, el control de la compañía es compartida entre el Estado francés y la empresa privada gala Dassault. En el rubro naval, Naval Group, es uno de los mayores astilleros de Europa, propiedad del Estado francés en un 62,2% y de Thales en un 35%.

El sector francés de la defensa, asimismo, cuenta con importantes empresas privadas de proyección mundial. Uno de los más paradigmáticos de estos grupos es la citada Dassault, otrora diseñador y fabricante de los aviones cazabombarderos Mirage que sirvieron en la Fuerza Aérea Argentina. Si bien empezó y tiene su eje en la aeronáutica, la empresa se diversificó en diversos rubros en las últimas décadas.

En el modelo israelí hay dos organismos públicos que se destacan: el DOPP (Department of Production and Procurement/Departamento de Producción y Adquisiciones) y el SIBAT (Internacional Defense Cooperation Directorate/Dirección de Cooperación Internacional para la Defensa). El primero se encarga de las adquisiciones de material militar y la supervisión e impulso de los programas de desarrollo y fabricación, tanto sea que se realicen en empresas estatales como privadas. El segundo promueve las exportaciones de armamento israelí.

Las empresas para la defensa israelíes, a su vez, tiene dos grandes ramas: una protagonizada por la estatal Israel Aerospace Industries (IAI) y la otra por la privada Elbit. En ambos casos se trata de compañías que constituyen las cabeceras de holdings integrados por un numeroso conjunto de otras empresas. En medio de ellas se destaca Rafael, una compañía más pequeña perteneciente al Ministerio de Defensa israelí, especializada en la producción de sistemas de defensa aérea como los famosos misiles aire-aire Python.

Airbus (cuya denominación societaria actual es EADS – European Aeronautic Defense and Space Company) está especializada en el rubro aeroespacial y militar. En el año 2020 el Estado francés poseía el 11% de las acciones, el alemán el 10,9% y el español el 4,1%. Este porcentaje accionario le permite a los países socios controlar de hecho a la compañía.