FERNANDO PEIRANO: «VEN A LA CIENCIA COMO UN GASTO, INCLUSO…
…COMO UNA CAMPANA MOLESTA»
El economista conversó con TSS sobre su gestión al frente de la Agencia I+D+i y la incertidumbre sobre cómo podrían ser las políticas del nuevo Gobierno en materia de ciencia y tecnología. “Dejamos una Agencia muy ordenada pero la transición fue frustrada”, contó.
Por Nadia Luna
Diciembre 22, 2023
Agencia TSS – La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), uno de los principales organismos dedicado al financiamiento de las actividades científicas junto al (ex) Ministerio de Ciencia (MINCYT) y el CONICET, presentó su Informe de gestión 2020/2023. Presidida por el economista Fernando Peirano, la Agencia invirtió en estos cuatro años un total de 130.000 millones de pesos, distribuidos en 130 líneas de financiamiento y más de 9000 proyectos de ciencia y tecnología (CyT). Estos subsidios beneficiaron a más de 30.000 investigadores y 1.100 becarios.
Entre los aspectos destacados de la gestión –en la que la federalización y la perspectiva de género fueron ejes centrales– estuvieron las acciones realizadas durante el contexto de pandemia (que están detalladas en el informe “Memoria COVID-19”), que involucró una inversión de 7.900 millones de pesos entre 130 proyectos, que fueron gestionados y evaluados en tiempo récord debido a la urgencia que planteaba la crisis sanitaria mundial.
TSS conversó con Peirano (quien presentó su renuncia al cargo y volverá a dedicarse a la investigación y docencia en la Universidad Nacional de Quilmes) sobre las políticas implementadas durante su gestión al frente de la Agencia, los resultados obtenidos y los aspectos que quedaron pendientes de cara a una nueva gestión que comienza en el área y en la que todavía hay más dudas que certezas.
Cuando asumió la presidencia de la Agencia en 2019, el sistema científico venía de varios años de recorte presupuestario y con un ministerio degradado a secretaría. ¿Cuáles fueron las primeras metas que se pusieron?
La Agencia estaba cruzada por las mismas dificultades que tenía el sistema de ciencia y tecnología, en el que el macrismo impactó de tres maneras diferentes. Por un lado, con el brutal recorte presupuestario: durante ese período hubo una caída del 40% en términos reales del presupuesto de CyT. La segunda cuestión era la vulneración de los mecanismos institucionales de funcionamiento de los órganos colegiados. la Agencia tenía un directorio que no había sabido defender los contratos vigentes. Encontramos 18 meses de deuda con pymes que habían ganado proyectos de innovación tecnológica y proyectos asociados a equipamiento, que llevaban cuatro años sin ejecutarse. El tercer elemento era una crisis de sentido porque el macrismo cuestionó la idea de promoción, la idea de un Estado que apalanque inversiones privadas. Recordemos que una de las últimas noticias vinculadas a ciencia en el gobierno de Macri fue la de una investigadora yendo a un programa de preguntas y respuestas en televisión para obtener dinero que le permitiera llevar adelante su proyecto. Esa investigadora hoy es una de las que más avanzó en su iniciativa, llamada Oncoliq, que tiene que ver con el desarrollo de un método de diagnóstico temprano para el cáncer. En resumen, encontramos una Agencia con deudas y desinflada en convocatorias, ya que hubo un año en el que no se adjudicaron los PICT (Proyectos de Investigación en Ciencia y Tecnología, un instrumento de financiamiento de la Agencia). Por otro lado, siempre pensamos que la Agencia tiene que ir más allá de transferir fondos. Tiene que acompañar esos proyectos con articulaciones y otros elementos para potenciarlos y llevar el desarrollo lo más lejos posible.
¿Los cambios que comenzaron a implementar guardaban relación con lo que se venía haciendo hasta el año 2015 o eran cosas que no se habían hecho antes?
Para nosotros, mejorar no implicaba volver atrás sino superar algunas limitaciones que ya aparecían en el año 2015 y que se agudizaron en la gestión de Macri. Algunas debilidades que había eran los extensos tiempos para confirmar si los proyectos estaban aprobados o no, y un sistema de evaluación poco transparente en términos de que estaba poco protocolizado. Se hacía sobre buenas bases, sobre una confianza en la evaluación de pares, pero era necesario un protocolo para lograr una cierta unicidad en todas las disciplinas y acotar los plazos. Para eso, trabajamos en fortalecer la desconcentración presupuestaria con una descentralización jurídica y en jerarquizar la Agencia dentro de la estructura del Estado, poniéndola a la par de una secretaría. Esto permitió tener un presupuesto propio y un proceso de mejora continua en materia de diseño y evaluación de instrumentos. Los plazos mejoraron mucho, pudimos reducir a la mitad algunos tiempos de evaluación y trabajamos en nuevos instrumentos de financiamiento. En lo que fue este año, llegamos a administrar más de 55 convocatorias, esto es una acción de promoción por semana, y abrimos el abanico de los aspectos que se cubrieron: nuevos equipamientos, reparación, proyectos científicos, de desarrollo tecnológico, apoyo a EBTs, proyectos para fortalecer la investigación en universidades, etc. También inauguramos el concepto de federalismo concertado, logrando trabajos conjuntos con 17 provincias. Ocho de ellas armaron lo que sería el equivalente a una agencia de promoción provincial, con llamados compartidos entre ambas agencias, provincial y nacional.
¿Cómo impulsaron la federalización?
Creo que uno de los rasgos centrales de volver a poner de pie el sistema de CyT estuvo asociado a recuperar la jerarquía del MINCYT y el funcionamiento de organismos como el CONICET, el CICYT y el COFECYT. En ese marco, todas las agendas tuvieron un común denominador: la federalización. Nosotros lo hicimos bajo el concepto de federalismo concertado: no queríamos refrendar un mecanismo donde las provincias piden y la Nación da, que es una dinámica poco constructiva, sino que para nosotros el factor transformador era distribuir capacidades. Para eso necesitamos que las provincias pudieran definir temas prioritarios y que tuvieran la capacidad de llevar adelante procesos. Resueltos estos dos elementos, podíamos discutir los fondos. Así que hicimos fórmulas de promoción donde, según el fondo inicial que constituía la provincia, nosotros invertíamos dos, tres o cuatro veces más. Pero sin ese compromiso de agenda, procesos y fondos, no íbamos a poder lograr el objetivo de constituir capacidades. Con ocho provincias logramos hacerlo con resultados muy palpables.
A los pocos meses de asumir la gestión de la Agencia comenzó la crisis sanitaria por COVID-19. ¿Qué rol tuvo la Agencia y cómo se gestionaron los recursos?
Ante lo inmediato que fue el desafío, y gracias al compromiso de todos los trabajadores de la Agencia, que de un día para el otro debieron adaptarse a trabajar desde su casa, decidimos apostar a ser un puente. El 20 de marzo de 2020 abrimos la primera convocatoria y recibimos más de mil propuestas que fueron evaluadas por una comisión de 25 expertos de distintas disciplinas. En total, hubo 10 llamados desde la Agencia en el contexto de COVID-19 y 130 proyectos financiados. Además, los acompañamos con una supervisión técnica cada dos meses, que incluía orientar a quienes conducían los proyectos acerca de toda la información científica que iba surgiendo en el mundo de forma acelerada. En esos primeros días, pusimos énfasis en los proyectos más vinculados a la urgencia, entre ellos, el desarrollo de kits de diagnóstico rápido. Un ejemplo de esto es el trabajo del equipo de Andrea Gamarnik que, en menos de 60 días, pudo diseñar un test serológico para COVID-19. Cabe destacar que esto fue fruto de esos meses de trabajo intenso pero también de más de una década de investigación sobre el desarrollo de test rápidos y de estudio de los virus. En general, todo lo que hicieron las y los investigadores fue poner en valor capacidades que ya se venían desarrollando y que, cuando se necesitaron, pudieron recorrer rápidamente el último kilómetro para convertirse en una respuesta concreta para el sistema de salud. Otros proyectos destacados fueron la fabricación de respiradores (que ayudaron a multiplicar por cinco las camas de terapia intensiva), el apoyo a la red de vigilancia de la circulación del virus (Proyecto PAÍS) y la producción de barbijos antivirales con nanotecnología. También apoyamos a las ciencias sociales, que tuvieron un rol fundamental en orientar a las políticas públicas para decodificar y gestionar las necesidades sociales. En particular, tuvimos la convocatoria PISAC COVID-19, que financió proyectos asociativos de investigación en ciencias sociales. Se seleccionaron 19 proyectos organizados en más de 200 nodos federales y las conclusiones se han discutido con funcionarios de distintas áreas. En este sentido, una conclusión que se obtuvo fue que hubo una vocación de un Estado presente pero que no fue un Estado suficiente. Muchas de las consecuencias de la pandemia, más allá de lo sanitario, no lograron ser compensadas por las políticas sociales y tuvieron diversos impactos, entre ellos, en la salud mental y en el surgimiento de las reacciones libertarias.

Peirano destacó el trabajo del equipo de Andrea Gamarnik que, en menos de 60 días, pudo diseñar un test serológico para COVID-19.



