#DíadelPeriodista … MAS DUEÑOS QUE NUNCA
El mapa de medios cambió durante el macrismo. Dos decretos fueron clave: uno que desactivó la famosa Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y otro que permitió la expansión a las telecomunicaciones: los grandes operadores en todos los mercados. El discurso de la convergencia, dicen Martín Becerra y Guillermo Mastrini, favoreció a la concentración: si bien la regla es para todos, pocos están en condiciones de usufructuarla.
La discusión sobre los medios en Argentina suele mezclar los efectos fulminantes sobre la economía de los medios tradicionales que provoca la crisis global del sector, con particularidades de la cultura mediática nacional y la valoración de las políticas y reglas de juego cambiantes dispuestas por los últimos gobiernos.
Fruto de la combinación variable de esos tres factores es que surgen dos certezas: casi nada es como era en el panorama de los medios argentinos y, lo que es más inquietante, casi nada será mañana como es hoy. Ni las rutinas productivas, ni la relación con los públicos que crea(ba) hábitos que Eliseo Verón categorizó como “contratos de lectura”, ni los niveles y características de empleo, ni los dispositivos de edición, distribución y uso/consumo, ni la influencia cultural en sentido amplio conservan las regularidades que distinguieron la institucionalidad mediática durante todo el siglo XX y el inicio de este siglo.
La crisis global provocada por la digitalización y emergencia de plataformas en red de distribución de contenidos y el rol iconoclasta de conglomerados como Facebook y Google con su poder devastador para la lógica con la que se organizaban los negocios de los medios, suelen estar hoy en el debate. En cambio, se habla menos del ingrediente local que combina una idiosincrasia peculiar con las políticas públicas en un sector que en la Argentina es muy dependiente de las reglas de juego que marca el Estado.
Si se observa el mapa de medios al final del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2015 con el que fue troquelando su sucesor, Mauricio Macri, hasta mayo de 2018, se advertirá que no todos los cambios son fruto de la crisis global, ni son exclusiva responsabilidad de la tradicional estructuración mediática nacional o consecuencia directa de las políticas. Hay, pues, una tutela compartida en la mutación de un ecosistema en el que desaparecieron especies, surgen otras y, entre las que sobreviven, se aprecian considerables modificaciones en su tamaño, ubicación, alineamiento y perspectivas.
La implosión del Grupo Szpolski a comienzos de 2016; la inestabilidad del Grupo Octubre, editor de Página/12 y dueño de AM750; la intervención judicial apadrinada por el gabinete de Macri en el Grupo Indalo y las espasmódicas detenciones de Cristóbal López y Fabián de Souza con los despidos de Roberto Navarro y Víctor Hugo Morales mediante; el cierre del diario La Razón por parte del Grupo Clarín, que también bajó la persiana de la Agencia DyN (Diarios y Noticias), cuyo accionariado protagonizaba junto con La Nación; el ajuste al límite de la supervivencia en Editorial Atlántida; la decisión judicial de declarar en quiebra a Radio Rivadavia; los despidos y retiros “voluntarios” en todas las empresas y en las emisoras de radio y tv del Estado son algunas de las mutaciones del paisaje de los medios argentinos en los últimos dos años y medio.
Fuente Revista Anfibia



