Un beso de vida para la Patria

VisiónPaís/ mayo 28, 2018/ Sin categoría

La multitud que rechazó al FMI se reencontró con el júbilo del Bicentenario

Por Marcelo Figueras

¿Qué hacía ahí toda esa gente? Era como si un Arca hubiese anclado cerca del Obelisco para pastorear su carga, un par de ejemplares de cada idiosincracia humana: viejos / niños / jóvenes / adultos / dionisíacos y apolíneos / negros / blancos / orientales / marrones / troskos / populares / fieritas / hipsters / futboleros / gente bien / cámporas / héteros / malenas / sexualidades de diversidad explosiva / familias / camioneros / murgueros / rockeros / cumbiancheros / electrónicos / académicos / atorrantes / oficinistas / piqueteros / gargantas / militantes / independientes / ocupados y desocupados / metrodelegados, metrodependientes y metrosexuales / gente en auto y gente de a pie / porteños y federales / tarifados a muerte / fans del sushi y cebados a polenta / y más, muchos más, en variedad pródiga como la creatividad de la especie.

Habían empezado a rondar el Obelisco bien temprano, mucho antes de la hora señalada por la convocatoria; dos horas después de entonado el Himno muchos seguían allí, como si buscasen exprimir la última gota de la ciudad liberada. (En las seis horas que rondé la zona —entre Tribunales y la avenida Belgrano— no vi un solo policía.) Algunos clavaron pica y armaron campamento, otros circularon interminablemente haciendo el agosto de los comercios locales. (Un detalle llamativo: nadie bajó sus persianas por temor a la plebe, que abarrotó cafés, kioskos, librerías y macburguers.) La estrella, sin embargo, fue el ex vendedor ambulante, reconvertido en emprendedor de circulación libre, más allá de la mercancía que ofreciese: banderas, choripanes, remeras (una le atribuía a Macri la frase: “Lo prometido es deuda”), pañuelos verdes, bandanas y hasta condimentos y levadura porque, como decía mi abuela —que al final cruzó cables y mezclaba refranes—, cuando hay hambre, ganancia de pescadores.

Esta exacerbación del ingenio, propia de la necesidad, se extendía a las consignas particulares. Nunca vi reclamar en nombre de tantas causas —Bauen, empresas cerradas o en terapia intensiva, Maldonado, aborto legal, minería, tarifas, subte, maestros, PAMI, inflación, presos políticos, científicos, la violencia contra los pibes, el hambre, la corrupción, el ahogo a la prensa libre—. mediante medios más artesanales. Era una feria del cartelito y la pancarta fatta in casa. Muchas, por cierto, retomaban las consignas que se habían lanzado para convocar —La Patria está en peligro, no al Fondo—, mediante un popurrí de colores, tipografías y estilos caligráficos que incluyeron hasta la letra inglesa.

El contraste con el cartel luminoso de los convocados al mundial era notorio. En comparación con la señalética que apelaba a la tracción a sangre, la perfección aerografiada de la arenga futbolística desnudaba su artificio.

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Fuente El Cohete a la Luna
Fotos de Irene Polimeni Sosa
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