LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA…
… CONDUCCIÓN POLÍTICA PERONISTA.
Por Antonio Rougier
Marzo 31, 2023
PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE
EJECUCIÓN
6.2.- LA TEORÍA: PARTE INERTE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN. SUS GRANDES PRINCIPIOS.
Nota: Sigue Perón con “los principios” de la conducción. Las ideas orientadoras que según él deberíamos tener tan
internalizadas, de manera que aparezcan a nuestro recuerdo espontáneamente ante la vida real. Y hace
diferenciaciones que habitualmente no tenemos en cuenta pero que Perón les atribuye importancia: distingue lo
cuantitativo de lo cualitativo, la acción política de la acción técnica y nos explica su relación. Nos habla del sentido de
ubicuidad. Lo que él llama “ese modo de verse, de apreciarse y de sentirse” del militante frente al pueblo y la tarea que
deberíamos realizar.
6.2.9.- Acción electoral cuantitativa y la acción de gobierno cualitativa, la acción política y la
acción técnica.
A.- DOS FACTORES FUNDAMENTALES: ACCIÓN ELECTORAL CUANTITATIVA Y ACCIÓN DE GOBIERNO
CUALITATIVA.
a.- Factores cuantitativos y cualitativos.
Hay dos factores fundamentales a considerar en la conducción; cuando se produce un hecho, es necesario pensar si se
trata de un acto cuantitativo o de un acto cualitativo.
La elección es un acto cuantitativo; se trata de poner votos dentro de las urnas, en las cuales valen lo mismo los votos
de los buenos que los de los malos, de los blancos que los de los negros, de los sabios que de los ignorantes.
Se cuentan votos, en una acción total y absolutamente cuantitativa.
No hay que confundir eso con el gobierno, que es un acto cualitativo.
Allí no se trata de meter votos en una urna; se trata de lograr aciertos en una acción de gobierno, y el acierto está
destinado a los hombres y mujeres que tienen capacidad, que tienen moral para realizarlo y que tienen un poco de
suerte, que también interviene y que es un gran valor.
b.- Acción colectiva o constitutiva.
De manera que, dentro de esto, de la preparación, de la cultura y de la selección humana, están contempladas, diremos
así, las acciones cualitativas y cuantitativas de toda la acción política.
En política, nunca hay que confundir, cuando se inicia una acción de cualquier naturaleza, si se trata de un acto
cuantitativo o de un acto cualitativo.
Eso es básico, porque confundir eso trae la confusión total de la acción política, y esa confusión generalmente trae los
graves errores.
A veces uno quiere meter en el gobierno mucha gente, cualquiera que sea, para que ayude; pero muchas veces uno
solo ayuda más que mil.
La cuestión está en encontrarlo, y una de las cosas más difíciles de la tarea de gobernar es encontrar a los hombres y
mujeres con capacidad para realizarla.
No siempre se tiene todo lo que uno quiere, pero se puede arrimar mucho de lo que uno ha deseado.
Esta acción es importantísima, y en todo acto político hay que hacer lo mismo.
Si yo establezco una unidad básica, allí van todos, pero si yo abro una Escuela Superior Peronista, ahí ya no pueden ir
todos.
Es necesario discernir siempre si se trata de una acción colectiva o constitutiva, porque eso es la base en la política.
Si no, vamos a lo de antes; confundiremos lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno, y haremos un pastel en el que
nadie entiende nada al final, deformándolo todo y terminando por prostituir una acción tan noble como la política. Este
es un punto de vista que también figura como uno de los factores fundamentales para la acción política, y respetando al
mismo, uno no puede equivocarse.
B.- LA ACCIÓN POLÍTICA Y LA ACCIÓN TÉCNICA.
a.- Conducción técnica y conducción política.
Señores: Dentro de esta política y dentro de la conducción de la política, es necesario distinguir perfectamente cuál es
la acción política y cuál es una acción técnica, sea de la conducción, sea del gobierno o sea de cualquier cuestión.
Este es otro aspecto también importantísimo, en el que generalmente los hombres y mujeres que conducen la política
se equivocan.
La conducción técnica no debe mezclarse con la conducción política.
Lo que es político es político y lo que es técnico es técnico, con un amplio respeto de lo uno para lo otro.
Uno hace la lucha política y el otro hace el desarrollo técnico que está por resolver y lo resuelve técnicamente.
b.- Un sector en las dos acciones: gobierno y política.
Ahora, es indudable que hay un pequeño sector que hay que contemplar en las dos acciones.
En la parte política hay que contemplar un poco el factor técnico, y si no, piensen ustedes que si hiciéramos política
criolla no estaríamos ahora estudiando la conducción política.
Hay un aspecto técnico en la conducción que no debemos olvidar, constituido por todos estos principios de que
estamos hablando; pero en la cuestión técnica hay también un sector político que contemplar, es decir, hay una
compenetración de estos dos elementos en la mayor parte de la conducción política.
Un miembro de gobierno debe obrar siempre con un sector de finalidad política.
Cualquier acto de gobierno debe encerrar siempre un pensamiento político, como cualquier acto político siempre
encierra una parte de acción técnica.
6.2.10.- El sentido de ubicuidad de la política en la conducción
A.- EL SENTIDO DE UBICUIDAD DE LA POLÍTICA EN LA CONDUCCIÓN: Ese modo de verse, de apreciarse y de
sentirse es el don de ubicuidad.
a.- Don de ubicuidad de los hombres y mujeres.
Otro principio extraordinario de la conducción política es el don de ubicuidad de los hombres y de las mujeres en la
conducción.
Decía Napoleón que los ejemplos lo aclaran todo.
Este don de ubicuidad política tiene una gran similitud con lo que ya mencionamos sobre la interpretación de las
reacciones de la masa.
Lo que se puede asegurar es que un conductor de la política no podrá jamás conducir bien si él no toma su puesto justo
o no establece una comunión absoluta en el orden espiritual con la masa que conduce.
Las masas políticas no se conducen por órdenes.
No; hay un “fluido magnético” que une a los hombres y mujeres que están en una misma causa y les forma un espíritu
similar, dentro de esa alma colectiva, que es la primera acción de la política que debe ser conducida.
b.- Sentido espiritual de la interpretación. La situación en 1943.
Esa comprensión, ese sentido espiritual de la interpretación de las cosas, esa acción colectiva armada sobre
realidades, obliga al conductor de la política a tomar su perfecta colocación; vale decir, a tener un sentido, una
ductilidad y un tacto especiales sobre su ubicación política, su ubicuidad política.
Yo siempre cito un ejemplo que para mí fue el que significó más experiencia en toda la parte de la conducción política
que yo he encarado.
Cuando fui a la Secretaría de Trabajo y Previsión, en 1944, me hice cargo, primero, del Departamento Nacional del
Trabajo y desde allí pulsé la masa.
Comencé a conversar con los hombres y las mujeres, a ver cómo pensaban, cómo sentían, qué querían, qué no
querían, qué impresión tenían del gobierno, cómo interpretaban ellos el momento argentino, cuáles eran sus
aspiraciones y cuáles eran las quejas del pasado.
Fui recibiendo paulatinamente, como mediante una antena muy sensible, toda esa inquietud popular.
c.- Apreciación de la situación.
Después que percibí eso, hice yo una apreciación de situación propia, para ver qué era lo que resumía o cristalizaba
todo ese proceso de inducción, diremos, de la masa.
Llegué a una conclusión y comencé una prédica, para llevar la persuasión a cada uno de los que me escuchaban sobre
qué era lo que había que hacer.
Lo que había que hacer era parte de lo que ellos querían y parte de lo que quería yo.
Quizá alguna vez no les satisfacía del todo lo que yo quería; pero, en cambio, les satisfacía todo lo que ellos querían y
que yo había interpretado, y se los decía.
Algunos, cuando yo pronuncié los primeros discursos en la Secretaría de Trabajo y Previsión, dijeron: “Este es un
comunista”.
Y yo les hablaba un poco en comunismo.
¿Por qué?
Porque si les hubiera hablado otro idioma en el primer discurso me hubieran tirado el primer naranjazo…
Porque ellos eran hombres y mujeres que llegaban con cuarenta años de marxismo y con dirigentes comunistas.
d.- La tarea de persuasión.
Lo que yo quería era agradarles un poco a ellos, pero los que me interesaban eran los otros, los que estaban enfrente,
los que yo deseaba sacarles.
Los dirigentes comunistas me traían a la gente para hacerme ver a mí que estaban respaldados por una masa.
Yo los recibía y les hacía creer que creía eso.
Pero lo que yo quería era sacarles la masa y dejarlos sin masa.
Es el juego político natural; es lógico.
Cuando les hablaba a los hombres, a las mujeres, les decía primero y mezcladito lo que había que hacer, lo que yo
creía y que quizá ellos no creían.
Pero cuando yo les decía la segunda parte, que era lo que ellos querían, entonces creían todos, y se iban con sus ideas
y con mis ideas, y las desparramaban por todas partes.
Empezaron por decir: hay un loco en la Secretaría que dice algunas cosas que son ciertas, que nos gustan a nosotros.
Llegaban diez y les hablaba a diez; si llegaban diez mil, les hablaba a diez mil; si llegaba uno, le hablaba a uno. Era mi
tarea. Mi tarea era persuadir.
e.- Persuasión paulatina: predicamento político por la persuasión.
Durante casi dos años estuve persuadiendo, y como iba resolviendo parte de los problemas que me planteaba la gente
que yo iba recibiendo, la gente fue creyendo no solamente por lo que yo decía, sino también por lo que hacía.
Esa persuasión paulatina me dio a mí un predicamento político del que yo carecía anteriormente.
Yo no tenía antes nada de eso dentro de la masa, pero lo fui obteniendo con mi trabajo de todos los días y con una
interpretación ajustada de lo que era el panorama de lo que esa gente quería y de lo que era.
f.- La unidad total: cuando llegó el momento, la masa estaba organizada.
Cuando llegó el momento que todos creían que ese trabajo era vano, que yo había perdido el tiempo hablando,
sobrevinieron todos los acontecimientos que me demostraron a mí y a todos los demás que no habíamos trabajado en
vano, que esa masa estaba ya, mediante un proceso lento, pero bastante efectivo, captada, con lo que ya tenía el
primer factor que es necesario tener para conducir, que es la unidad total y que se obtiene cuando la masa comienza a
estar organizada.
La masa inorgánica comenzó a tomar unidad y a ser conducible.
Es indudable que para esto tiene gran importancia que el que conduce sepa utilizar lo que tiene a mano para hacerlo.
El proceso de captación de la masa, si uno fuera a tomar uno por uno, es inalcanzable.
Es algo así como el que quiere terminar con las hormigas agarrándolas una por una y tirándolas al fuego.
g.- Utilización de los medios técnicos: tomar la masa en grandes sectores.
Hay un procedimiento mucho más eficaz que los hombres y mujeres olvidan, que es el de tomar a la masa en grandes
sectores.
Los políticos nunca habían utilizado la radio para su acción.
Más bien utilizaban las conferencias callejeras, donde los hombres y mujeres los veían. Yo también me hice ver,
primero, porque eso es indispensable.
La acción de presencia y la influencia directa del conductor es importante, pero la mayor parte de la masa ya me había
visto y yo, entonces, les hablé por radio, que era como si me siguieran viendo.
De manera que yo les hablaba a todos.
h.- La utilización de medios técnicos.
Imagínense lo que significa la utilización de los medios técnicos en la política, cosa que no habían hecho mis
antecesores.
Por eso me fue posible, el día anterior a las elecciones, dar una orden que al día siguiente todos cumplieron.
Fue así como ganamos las elecciones.
Nuestros adversarios políticos, cuando nosotros dimos esa orden, se reían, pero después del escrutinio ya no se rieron
tanto.
Era lógico.
Eran sistemas mediante los cuales asegurábamos una unidad de acción de la masa peronista que ellos no pudieron
asegurar.
Esa sorpresa, mediante el mantenimiento del secreto hasta el último momento, fue la que nos permitió, de un solo
golpe, decidir la acción a nuestro favor.
i.- El secreto con consiste en penetrarse y penetrar.
Es indudable que todo esto que conforma, diremos así, este gran principio, yo lo he agrupado bajo un solo enunciado:
el don de la ubicuidad.
El político, el conductor político, que no tiene ese don de la ubicuidad generalmente está a disgusto en todas partes en
donde se encuentra.
Siempre está como en casa ajena.
El secreto consiste en penetrarse y penetrar, de manera que cuando uno llegue a la casa de los hombres y mujeres que
lo acompañan se encuentra siempre como en su propia casa, cosa que obtiene gracias a sus ideas y sentimientos
afines.
Hablando un mismo idioma nos entendemos fácilmente y nos comprendemos, y eso los extraños o los que piensan de
distinta manera no lo consiguen jamás.
Ese modo de verse, de apreciarse y de sentirse es el don de la ubicuidad.
j.- Tener lealtad y sinceridad, la verdad del “magnetismo” personal.
No puede haber un caudillo político completo para la conducción si no tiene ese don, que es natural. Algunos dicen que
hay magnetismo en esto o que hay alguna otra cosa, pero lo cierto es que hay razones, hay poder de convicción y de
convencimiento.
Para convencer lo primero que hay que hacer es estar convencido.
Los políticos antiguos no tenían ese “magnetismo” personal.
Si estaban mintiendo, ¿cómo iban a tenerlo?
Para tener ese “magnetismo” es necesario tener primero lealtad y sinceridad.
Cuando uno tiene lealtad y sinceridad, cuando habla con convencimiento, entonces recién puede empezar a convencer
a la gente, empezar a persuadirla.
k.- Sinceridad, lealtad y convencimiento: el verdadero “magnetismo”.
Entonces se agranda ese “magnetismo” personal de que tanto se habla, que no existe ni tiene ninguna razón de ser.
Existen ideas, existen razones: existen sinceridad, lealtad y convencimiento.
Ese es el verdadero “magnetismo”.
No hay secretos ni creo que en esto pueda haber, diríamos, alquimia de ninguna clase.
No hay tal cosa.
Los hombres y mujeres se convencen o no se convencen, según se les hable con convencimiento, con sinceridad,
etcétera.
l.- La elocuencia se forma por la verdad.
No puedo convencer yo a uno de una mentira que le endilgo mientras el otro me está descubriendo y diciendo que
estoy mintiendo.
¡Cómo lo voy a convencer!
¡Cómo va a tener confianza en mí!
Hoy es difícil, porque lo miran a la cara a uno y ya se dan cuenta de que miente.
No se puede ya engañar, por más habilidad que tenga el mentiroso y por más hábil que sea la mentira que se dice.
Pero cuando uno tiene la verdad, ésa es la elocuencia.
No hay en esto dialéctica.
La elocuencia se forma por la verdad.

