LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA…
…CONDUCCIÓN POLÍTICA PERONISTA
Por Antonio Rougier
Febrero 17, 2023
CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA CONDUCCIÓN
PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE
EJECUCIÓN
6.2.- LA TEORÍA: PARTE INERTE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN. SUS GRANDES PRINCIPIOS.
Nota: Recordamos una vez más la división de este principio, al que Perón atribuye particular
importancia en la acción política, en tres partes. Hoy compartiremos la tercera, referida a una
ejemplificación. Es el único ejemplo en toda Conducción Política en la que Perón se explaya
ampliamente en la aplicación práctica de una idea, del principio de economía de fuerzas en este caso.
Haciendo particular hincapié en la lucha política, sus condiciones y consecuencias.
6.2.4.- La economía de fuerzas.
G.- LA ECONOMÍA DE FUERZAS Y EL CENTRO DE GRAVEDAD: EJEMPLIFICACIÓN.
a.- Ejemplificación del principio.
Determinado de manera general todo cuanto se refiere a la forma exterior de este gran principio, quiero
hacer, como decía, algunas consideraciones sobre su aplicación, más o menos meditando la acción
que debemos realizar nosotros durante esta campaña política, lo que ya es un tema más concreto.
Allí se puede ver mejor la aplicación de este principio.
b.- Sólo tenemos el problema internacional.
Tomando el campo general, yo he dicho muchas veces que nosotros, en nuestra acción interna como
internacional, no tenemos más que un problema, que es el problema internacional.
El problema económico lo hemos resuelto.
El problema social se ha resuelto solo, con la solución del problema económico.
Y el problema político para nosotros no existe en este momento, porque en cuanto a las reformas
constitucionales, las hemos realizado y las vamos aplicando en base a nuestra Constitución
justicialista, y de acuerdo con eso vamos elaborando un cuerpo de leyes y códigos que se refieren a la
aplicación de aquéllas, de manera que todo eso sigue su normal y natural desarrollo, y no podemos
pensar en su fracaso.
c.- También ha cambiado la mentalidad de nuestros hombres y mujeres.
También los hombres y mujeres han ido cambiando poquito a poquito, y también se ha ido cambiando
la mentalidad de nuestros hombres y mujeres.
Este es un proceso lento, que se va realizando por su cauce natural, sin violencias, sin fricciones y sin
ningún otro medio que la preocupación permanente de comprobarlo en los hechos y de vigilarlo en la
ejecución.
En cuanto a la acción de nuestro Movimiento peronista en el país, tampoco tenemos problema de
ninguna naturaleza.
Él ha ido imponiéndose poco a poco, y sigue imponiéndose cada vez más, a pesar de la lucha
enconada de ciertos sectores de la política argentina.
d.- Concepto y prestigio de una acción: aumenta el caudal peronista.
Podemos decir que aquel capital inicial que tuvimos lo seguimos teniendo o lo hemos aumentado en la
mayor parte de los lugares, de modo que no solamente contamos con ese enorme caudal, diremos, de
hombres y mujeres que comparten nuestra manera de pensar y de sentir, sino que también tenemos el
concepto y el prestigio que nos han dado estos años de acción, en que habremos cometido algunos
errores, pero no muy grandes como para llevarnos a la derrota o al desastre en la acción política.
En cuanto al hecho de la lucha comicial, nosotros no podemos temer nada.
Ahora con la incorporación de la mujer a la acción política, nuestra posibilidad aumenta, de manera
que no tenemos ningún problema interno.
Sobre todo, no tenemos ningún problema interno al cual tengamos que dedicarnos con todas nuestras
energías para resolverlo.
e.- El problema internacional.
Pero tenemos el problema internacional; ése sí que es difícil.
Es muy difícil, y es muy importante, porque el futuro del Justicialismo no depende solamente de la
República Argentina, y tal vez habrá de resolverse en Europa.
La decisión de todo lo que en el mundo pasa hoy se va a producir en Europa.
Es lógico; el mundo vive una vida de dependencia y de relación extraordinaria.
Esto nos ha permitido establecer que hoy el objetivo más importante y la acción principal de toda
nuestra acción de gobierno están en la parte internacional más que en la interna.
En 1946, lo decisivo era la parte interna, porque nosotros necesitábamos el predicamento de lo interno,
que hoy tenemos.
Debíamos ganarnos esto, porque de lo contrario no teníamos nada que hacer; pero hoy lo hemos
ganado, lo hemos impuesto, lo hemos dominado y lo vamos llevando cada vez mejor en todos los
sentidos.
Pero ahora el problema está afuera.
f.- De lo interno a lo externo.
Observen ustedes, entonces, que el centro de gravedad ha pasado de lo interno a lo externo, para
nosotros. Yo he de dedicar ahora a la acción internacional los principales medios, y a lo interno sólo los
medios secundarios.
Ustedes han de haber observado que en nuestras campañas de ideas vamos saliendo a enfrentar la
acción exterior y abandonando poco a poco lo que tenemos concentrado en la acción interna. Eso
tiene que ir aumentando cada día más, porque en un momento dado tal vez tengamos que afrontar
todo un problema externo. Esta acción es algo que yo ya había previsto.
g.- El problema había sido previsto.
Mi señora, que junta todos mis manuscritos viejos y algunas veces los saca del canasto diciendo que
son para la historia, me ha hecho el favor de guardarme los papeles de algo que escribí en la mañana
del 5 de junio de 1946, luego de haber pasado mi primera mala noche como gobernante, pensando en
las cosas que tenía que resolver al día siguiente.
h.- Momentos decisivos del hombre: el 5 de junio de 1946.
En la acción común de los hechos políticos internos o externos, uno debe proceder aplicando también
el principio de la economía de las fuerzas; es decir, que el hombre o la mujer tiene, en el curso de su
vida, un sinnúmero de circunstancias que le representan a veces momentos decisivos en los que tiene
que tomar resoluciones muy importantes para su propia existencia.
Hay momentos en la vida de una persona en los que debe tomar resoluciones que van a durarle 10 ó
15 años, o tal vez todo el resto de su vida.
No son frecuentes esos momentos, pero cuando llegan es cuando el centro de gravedad de su vida le
exige que se resuelva.
El 5 de junio de 1946 yo creí que debía tomar una de las grandes decisiones de la cual dependería
toda mi acción de gobierno, y en ese momento adopté una resolución que es la que me ha permitido
mantener todo mi gobierno con un cierto grado de congruencia en la acción interna e internacional.
i.- El dilema de ser o no ser.
En ese instante de mi vida estudié la situación y tomé la decisión que para mí era fundamental.
Les voy a leer esto, que escribí hace cinco años, una mañana, después de haber pensado mucho
durante toda la noche:
Primero: cuando se viven tiempos de desbordados imperialismos, los Estados, como Hamlet,
ven frente a sí el dilema de ser o no ser.
Segundo: por eso, la cuestión más importante para el gobernante de hoy es decidirse a
enfrentar al exterior, si quiere ser, o sacrificar lo interno, si renuncia a ser.
Tercero: cuando defienda su independencia, haga respetar su soberanía y mantenga el grado
de dignidad compatible con lo que debe ser una nación, deberá luchar duro con los déspotas y
dominadores, soportando virilmente sus golpes.
Cuarto: cuando a todo ello renuncie, vivirá halagado por la falsa aureola que llega de lejos, lo
enfrentará la lucha digna, pero tendrá que enfrentar la explotación de su pueblo y su dolor, que
golpearán implacablemente sobre su conciencia.
Tendrá a menudo que recurrir al engaño para que lo tolere a su frente y renunciará a su
independencia y soberanía, juntamente con su dignidad.
Quinto: ésta es la primera incógnita que debo despejar en el gobierno de mi país, delante
mismo del pueblo.
Sexto: yo me decido por mi Pueblo y por mí Patria…
Estoy dispuesto a enfrentar la insidia, la calumnia y la difamación de los enemigos de adentro y
de sus agentes de afuera.
j.- Estudio de los propios aciertos y desaciertos.
Como la mejor didáctica es el ejemplo, yo he querido enunciar este gran principio, citando los ejemplos
que pueden contemplarse vívidamente en la acción misma, porque yo no soy como los antiguos
teólogos, que decían: “haced lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
Yo prefiero hablar sobre mis propios aciertos o mis propios desaciertos, que yo no puedo juzgar y que
juzgarán, seguramente, el tiempo y los hombres que nos sigan a nosotros.
El momento que estamos viviendo yo ya lo había previsto en 1946 y he tomado todas las medidas para
enfrentar esta situación que representa el centro de gravedad de nuestra acción.
k.- El actual centro de gravedad.
Me he permitido, hasta ahora, dedicar siempre el centro de gravedad de mi acción al orden interno, lo
que me ha traído el éxito en el interior.
Ahora yo puedo aprovechar ese éxito en lo interno para dedicar el centro de gravedad a la acción
internacional.
Yo me despreocupo ahora de lo interno dejándolo a cargo de nuestra gente, para enfrentar al exterior,
sin miedo de que nadie nos tire del saco desde adentro.
En el orden internacional está actualmente el centro de gravedad, porque ése es el único problema
que no hemos podido solucionar y que no lograremos solucionar hasta que se plantee en forma bien
determinada.
l.- Las soluciones definitivas en lo internacional.
Tomar hoy soluciones definitivas en ese problema sería anticiparnos y obrar prematuramente.
Hay que dejar que eso vaya madurando con una observación y preparación inteligente para poder
llegar al momento oportuno, con todas las fuerzas en las manos y poder así hacer nuestra voluntad.
Todo esto no es otra cosa que la aplicación del principio: dar el golpe efectivo en el momento efectivo y
en el lugar efectivo.
ll.- Correspondencia de la lucha interna con la internacional: lucha de dos voluntades
contrapuestas.
Porque la lucha en el orden internacional es exactamente igual a la lucha en el orden interno.
Se trata siempre de la lucha de dos voluntades contrapuestas.
Vale más el que emplea mejor los medios en la acción política o en la lucha.
La conducción, en el orden internacional, es igual que en el orden interno: es una misma lucha. Y en
estos tiempos, más, porque son luchas ideológicas, en que tiene una dependencia extraordinaria, un
alto grado de dependencia, lo interno de lo internacional, y lo internacional de lo interno.
Si nosotros, en estos momentos, entregásemos nuestro país para el esfuerzo guerrero, no tendríamos
problema en lo internacional.
Pero se me daría vuelta la batea en lo interno, y el “lío” lo tendríamos adentro. Tal es el grado de
dependencia que en nuestros días ha adquirido el problema interno respecto al internacional.
Lo importante es no equivocarse en cuál es el objetivo principal y cuál el secundario.
“Dónde y cuándo”, ése es todo el secreto, en mi concepto.
m.- Así es la vida: así es la lucha. La lucha es para los que aguantan.
Cuando las circunstancias son muy adversas, a pesar de acertar uno el lugar y el momento, le dan un
mamporro.
¡Y bueno: éstas también son cosas de la lucha!
En la lucha, uno nunca está seguro.
Esto es como el que anda en un alambrecarril, hasta que llega a la plataforma: puede llegar o no a ella.
Y si llega, en seguida sigue otro alambre.
Así es la vida; así es la lucha.
Tiene momentos seguros, que duran muy poco tiempo, para volver después a realizar la marcha
insegura por mucho tiempo.
El que no se sacrifica, digamos así, a aceptar esas situaciones, es mejor que no se meta en la lucha.
La lucha es para los hombres y las mujeres que aguantan.
Los que no aguantan es mejor que no luchen.
También se puede vivir sin luchar.
n.- El centro de gravedad internacional.
En esto hay que ver ahora, discriminado, el gran problema.
En esa acción internacional, ¿dónde está su propio centro de gravedad?
Nosotros vamos descartando lo interno, que es secundario, porque ya tenemos vencido y sobrepasado
este problema.
Vamos a lo internacional, que es el teatro principal de nuestra acción en este momento.
¿Dónde está el centro de gravedad de todo ese inmenso panorama internacional?
Algunos dicen que es una lucha de dos imperialismos; unos dicen: ¿Por qué no nos arreglamos con
éstos? Uno lo oye decir todos los días. Otros dicen: No los exacerbemos a los otros. Todo eso es
secundario.
Hay que establecer un objetivo que sea principal para nosotros.
Ese objetivo principal, en mi concepto, es el siguiente: se ha de producir una guerra en la que un
imperialismo va a vencer y el otro va a ser derrotado, pero ninguno de los dos, ni el vencedor ni el
vencido, va a ganar la guerra.
ñ.- Política conforme con las características de la guerra moderna.
En la guerra moderna pierden todos; el vencido, miserable y hambriento, tiene que ser alimentado por
el vencedor, porque de lo contrario se muere de hambre.
Esa es la guerra de nuestro tiempo.
Esto conforma una situación sui géneris.
Hay que hacer una política que no nos vaya llevando hacia esa acción.
o.- Nuestro centro de gravedad está en el frente occidental.
Por razones políticas, ideológicas, geográficas y estratégicas, nosotros no podemos entrar a favor del
comunismo.
De modo que, descartado eso, nosotros ya determinamos en dónde está nuestro centro de gravedad
en la acción: en el frente occidental.
Nosotros vamos a formar parte del frente occidental, y lo que se avecina va a ser una lucha entre el
frente occidental y el oriental.
Como nosotros estamos en uno de ellos, tenemos determinado allí el gran espacio en donde vamos a
actuar.
Pero nosotros tenemos que actuar con una gran prudencia.
p.- Aplicación de la economía de fuerzas.
Todo esto, señores, en la forma que yo lo entiendo, es la aplicación, pura y exclusivamente, en toda la
técnica de la acción, del principio de la economía de fuerzas.
Yo busco por todos los medios accionar en forma de ser superior en el lugar y en el momento
oportuno.
Si eso se consigue, la acción generalmente se inclina a favor de uno, salvo que la fatalidad lo haga
fracasar.
Y el día que eso sucede es porque Dios lo ha abandonado a uno, y entonces es mejor irse a su casa y
dejar que venga otro que tenga mejor estrella y Dios lo siga ayudando.
A los hombres y a las mujeres les pasa, como le pasó al más grande de los conductores, a Napoleón,
que si se hubiera retirado un poco antes de Waterloo, no hubiera terminado en la isla de Santa Elena.
Estas cuestiones son muy importantes y hay que estudiarlas y resolverlas muy fríamente.
He tratado de desarrollar algunas consideraciones respecto a este asunto, y no sé si habré conseguido
lo que me propuse, es decir, llegar a la comprensión de ustedes en una cosa tan difícil como es
exponer algo tan abstracto.
He tratado de ponerles un ejemplo general y grande de esa acción, para que tengan una idea general.
(Fin de la publicación de la Revista Mundo Peronista Nº 13, págs. 40 a 49, del 15 de enero de 1952)
Para ampliar:
https://www.escuelasuperiorperonista.com/doc/1.0.CONDUCCIONTEMATICO.pdf
https://www.escuelasuperiorperonista.com/

