LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – INTRODUCCIÓN A LA CONDUCCIÓN…
…POLÍTICA PERONISTA.
Por Antonio Rougier
Enero 13, 2023
PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE EJECUCIÓN
6.2.- LA TEORÍA: PARTE INERTE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN. SUS GRANDES PRINCIPIOS.
NOTA: Considero que, para entender mejor el alcance de esta parte de la bolilla sexta, debemos tener en
cuenta que estamos al final de la exposición de lo que en la edición de 1974 aparece, como capítulo cinco:
El Conductor.
Vimos en el encuentro anterior que Perón, al terminar su exposición sobre el conductor, hizo una larga
“aclaración previa” sobre los principios de la conducción. Acá hace una síntesis sobre lo amplio de “la teoría
del arte” y menciona solamente el principio de la “economía de fuerzas”, que más adelante desarrollará
ampliamente, porque él le atribuye fundamental importancia, para luego iniciar ya la explicación del primer
principio: la información, el secreto de la información y la sorpresa. Concluyendo así la exposición de ese
día.
D.- ACLARACIONES, PREVIAS A LOS PRINCIPIOS DE LA CONDUCCIÓN: LA TEORÍA Y LOS PRINCIPIOS.
a.- Síntesis de la teoría.
Por otra parte, no es fácil desarrollar una materia tan amplia como es la conducción, y sobre todo como es la teoría del
arte, que conforma toda una inmensa teoría, en las pocas clases que nosotros tenemos que dar.
Por eso, yo me tengo que arreglar de alguna manera para ir comprimiendo esto y dar solamente una síntesis.
Y más bien que hacer esa síntesis, hacerla comprender.
Valerme de todo para hacerla comprender.
Es más importante que ustedes comprendan lo que es la conducción, que ustedes se dediquen a estudiarla para
aprenderla.
Entonces, yo quiero hacerles comprender, llevarles la idea básica, al conocimiento de ustedes.
Siempre será más útil que todo lo que yo pudiera presentarles como desarrollo en cada uno de estos principios.
b.- La economía de fuerzas.
Hay un gran principio de la conducción que es el de la economía de fuerzas. Vale decir que, en toda acción, sea esta de
concepción en una conducción o sea del empleo mecánico de las masas populares, hay que ser siempre fuerte en un
momento y en un lugar que es donde se va a producir la decisión.
Ese es un gran principio, que no solamente sirve a la conducción, sino a todas las cosas en la vida.
Dedicar los medios principales, atendiendo a las secundarias también con medidas y medios secundarios.
¡Principio que es de economía de fuerzas, aplicable a todos los actos de la vida!
c.- Breve exposición del principio.
Sobre esto, haciendo un estudio analítico, podríamos conformar todo un curso regular para un año de trabajo.
Porque eso, analizarlo en todos sus aspectos, por ser uno de los grandes principios, no de la conducción solamente,
sino de todas las actividades de la vida, nos llevaría a un análisis profundo y a una sistematización total de todos los
aspectos con que midiésemos el empleo de ese principio a las actividades totales de la vida.
Nosotros lo tenemos que tratar aquí, en diez o veinte minutos.
Eso les dará una idea de lo que podemos decir al respecto.
6.2.1.- La información, el secreto de la información, la sorpresa.
a.- Tres aspectos de toda conducción.
Por esa razón yo no he querido desarrollar un curso, como podría desarrollarse sobre esto, porque no tenemos tiempo,
en este tipo de actividad, para hacer un desarrollo, y prefiero tratar en forma más o menos correlativa cada una de las
grandes cosas que comprende la conducción, empezando por el principio.
La información, el secreto y la sorpresa: tres aspectos de toda conducción.
b.- La información.
Sobre la información, yo ya he sintetizado en un pensamiento todo lo referente a eso: el hombre, o sea el conductor,
actúa con tanto acierto como bien informado esté.
La base de toda la conducción racional es, indudablemente, el conocimiento del hecho: esto explica ese aforismo,
diremos, de la conducción: se procede tan bien como bien informado se esté.
De manera que eso viene a conformar un verdadero principio de la conducción; es un verdadero principio dentro del
arte, vale decir, que de eso no puede prescindirse nunca.
No se puede traer a un hombre o mujer de la Luna y ponerlo aquí a hacer; no.
c.- Hay que conocer y vivir la situación.
Yo observo muchas veces que vienen algunos a hablar conmigo que son hombres y mujeres que viven acá, y andan
aquí; los escucho un rato, y me dan ganas de preguntarle: “Dígame, amigo, ¿usted viene del Japón o de la China, que
no sabe lo que está pasando en la República Argentina?”
¡Hay tantos hombres y mujeres de esos!
Y a lo mejor le vienen a dar consejo a uno.
De manera que es un principio fundamental, hay que vivir la situación.
No sólo hay que conocerla, hay que vivirla, porque hay cosas que no se perciben, solamente se sienten.
Entonces, hay que dar a la epidermis esa sensibilidad que sólo se obtiene mediante la acción, la vida permanente
dentro de la situación.
La información es, sin duda, uno de los grandes principios de toda conducción.
d.- El secreto.
Ahora, el secreto. Para la conducción, el secreto es otro asunto sumamente importante. ¿Por qué? Porque la
conducción es un método de acción; vale decir, es el método en acción.
La política y su conducción es, simplemente, la lucha de dos grandes voluntades contrapuestas; ésa es la política.
La política es una lucha, una lucha de dos voluntades, sean éstas individuales o colectivas.
Unos luchan por una cosa y otros luchan por otra.
¿Qué presupone eso?
Una acción con un objetivo, por un lado, y una acción con otro objetivo, por el otro.
Esos dos luchan para llegar a una decisión, decisión que ha de ser favorable a una voluntad o a la otra, porque como
son contrapuestas, no puede satisfacer a las dos voluntades.
Bien; si son voluntades contrapuestas, lo que hay que hacer es poner siempre delante de la voluntad adversaria un
telón, para que no conozca nuestra voluntad, para que no sepa por dónde vamos, cómo vamos y hacia dónde vamos.
e.- La sorpresa.
Si nosotros cerramos eso a nuestro adversario, podremos proceder aprovechando el otro factor de la conducción, tan
importante, que es la sorpresa.
Mediante la información y mediante el secreto alcanzamos nosotros la sorpresa.
¿Qué es la sorpresa?
La sorpresa es un principio de la conducción, vale decir, es el factor que nos permite sacar ventaja de un momento de
inacción que el adversario tiene frente a la propia conducción, por no haber previsto un incidente que va a producirse.
Para obtener la sorpresa no es necesario que el adversario no conozca nada hasta que se produzca la decisión.
No; es suficiente que cuando él lo conozca, ya no esté en tiempo de reaccionar convenientemente y neutralizar la
acción de esa sorpresa.
Es mediante la sorpresa que uno, muchas veces, desarma totalmente al adversario político.
f.- Punto de partida de la conducción: tres principios que no deben olvidarse.
Esos son los puntos de partida de toda la conducción política.
La información, mediante la cual se puede llegar a la sorpresa, a través de un secreto bien conservado en los planes de
acción y en la ejecución de la cosa.
Tres aspectos que no debemos olvidar nunca: estar bien informados, mantener el secreto del propio designio y obrar
siempre obteniendo el factor sorpresa, que es uno de los principios de valor intrínseco en la conducción.
Sorprender al adversario político, siempre produce una utilidad en la conducción.
Es un principio absoluto.
Eso da siempre ventajas.
Nunca es un inconveniente el que nosotros lo sorprendamos, y es siempre un inconveniente el ser sorprendido.
Son tres asuntos que no debemos olvidar jamás en toda conducción.
g.- Su aplicación es cuestión de astucia, de habilidad…
Podríamos hablar mucho acerca de cómo se obtiene la información, de cómo se mantiene el secreto y de cómo se
obtiene la sorpresa.
Nos basta saber que son tres elementos, donde la viveza criolla –como decimos nosotros–, entra mucho y donde no
hay un método, sino que hay ocasiones.
Lo más importante es aprovecharlas.
Nadie puede enseñarle a un hombre o a una mujer cómo debe obtener la sorpresa.
Eso lo lleva cada uno adentro, o no lo lleva.
Es cuestión de astucia, de habilidad, de capacidad, de previsión.
Es también importante saber cómo hay que mantener el secreto, sobre todo, haciéndole caso a Martín Fierro: “en uno;
con gran precaución en dos”.
Hay después miles de formas para disimular y también cómo obtener la información.
h.- Saber aprovechar la información.
Allí entra mucho el hombre, no los hombres. Es decir, hay que saber cómo va uno a formarse, adónde va a llegar, cómo
va a obtenerla y cómo va a aprovechar, porque hay algunos espíritus sherlockholmescos (averiguar por averiguar) que
todo quieren saberlo pero no aprovecharlo, porque si lo aprovechan se descubren.
Y yo les pregunto: si no la va a aprovechar, ¿para qué quiere la información?
Es decir, que esto no sólo consiste en obtener la información, sino también en aprovecharla en beneficio de la propia
conducción. Cada una de estas dos cosas puede ser objeto de un profundo análisis, mediante el cual se pueden
desmenuzar y sacar cien mil conclusiones de cada una de esas cosas. Hay que darse cuenta de que el mundo lleva
miles de años en el trabajo de la información; miles de años en el mantenimiento de los secretos y miles de años en la
obtención de las sorpresas.
¡Si habrá hecho el hombre!
¡Si habrá penetrado el hombre!
¡Si habrá desarrollado el hombre estas tres cuestiones tan fundamentales!
i.- Las pequeñas ventajas.
En la conducción no hay nada nuevo.
Es todo viejo, como el mundo es viejo.
Sólo que constituye muchas veces un sector de esto el olvido; y el olvido es el que nos es funesto en la conducción.
Pero recordemos siempre estos tres aspectos; que queden grabados en cada uno.
Bien informado, una boca y dos ojos, y dos orejas, para hablar poco, ver mucho y escuchar también mucho.
Que es el consejo más sabio que la naturaleza nos da.
Y después dar duro, cuando uno tiene oportunidad de obrar por sorpresa, sacar ventaja en la conducción.
Esas pequeñas ventajas que se acumulan a lo largo de la conducción, son muchas veces el factor que, echado en la
balanza de la decisión, inclina el platillo a favor.
Pequeñas cosas.
Para vencer, se necesita tener un poquito más que el otro: nada más que un poquito…
¡Es lo que inclina la balanza!
Para ampliar:
https://www.escuelasuperiorperonista.com/doc/1.0.CONDUCCIONTEMATICO.pdf
www.escuelasuperiorperonista.com

