La democracia integrada

VisiónPaís/ agosto 21, 2022/ Sin categoría

Por Daniel Di Giacinti

Marzo, 2020

“…La política, hoy, ya no son dos trincheras en cada una de las cuales está uno armado
para pelear con el otro. Este mundo moderno ha creado necesidades, y los pueblos no
se pueden dar el lujo ya de politiquear. Esos tiempos han pasado; vienen épocas de
democracias integradas en las que todos luchan con un objetivo común, manteniendo
su individualidad, sus ideas, sus doctrinas y sus ideologías, pero todos trabajando para
un fin común. Ya nadie puede tratar de hacer una oposición sistemática y negativa,
porque los países no pueden ya aguantar una actitud política semejante…”                                                            Juan Domingo Perón. 2 de agosto de 1973.

Si bien la democracia es un bien ganado por la ciudadanía argentina que ha dejado atrás la
dolorosa época de las dictaduras militares, la enorme crisis de 2001 desnudó las falencias de
esas instituciones políticas dejando claro que no resolvían los problemas fundamentales de la
Nación. La cruda realidad de la crisis demostró que pese a las buenas intenciones, con la
democracia liberal no se come, ni se educa, ni se cura.
Nuestra democracia hoy está sustentada por una la lucha electoralista que genera una puja
para lograr el acceso al gobierno e imponer desde ahí una propuesta de acción política
consensuada por el voto ciudadano. Sin embargo estas formas de participación del sistema
demoliberal, provocan un Gobierno y Estado con una relación unidireccional con la sociedad,
donde se concibe al ciudadano como un elemento aislado donde solamente puede dar rienda
suelta a sus apetencias materialistas sin posibilidad de crecer respecto a su cultura social. La
falta de compromiso genera una infantilización del sistema, provocando falta de cohesión
social y desconfianza entre la Comunidad lanzada a una lucha de todos contra todos en una
meritocracia individualista y un gobierno sin poder real, producto de una Nación que no posee
un rumbo común donde proyectarse.
El tabicamiento individual promovido por la democracia liberal brinda a las dirigencias políticas
la exclusividad de la creación de las normas y las grandes decisiones. Necesitamos un
ciudadano que tenga la posibilidad de ser parte de esas responsabilidades y que pueda asumir
un compromiso solidario con su comunidad. Para ello se debe romper con el verticalismo que
desde el poder imponen las viejas democracias liberales donde desde un ideologismo
racionalista ejercido por una vanguardia profesional nos imponen su interpretación de los
problemas y las soluciones.
La democracia colonial es experta en “escuchar al ciudadano” realizando timbreos, o
multiplicando las formas de recibir la consultas y reclamos. En adición el sistema demoliberal
permite e incentiva la participación en problemáticas sociales y políticas secundarias,
aleatorias o sectoriales. La democracia Integrada propugnada por el justicialismo sostiene que
no basta con escuchar los reclamos, sino permitir a la Comunidad resolver los grandes
problemas de la Nación y en ese sentido la conflictividad sectorial debe dilucidarse desde una perspectiva nacional. Todos saben que participar en conflictos secundarios dejando las
grandes soluciones en manos del poder político no incentiva la participación popular. Un
ejemplo claro es el agotamiento de los Presupuestos Participativos.

“…Crecieron también la sensibilidad y la capacidad política, al impulso de la mayor
participación del ciudadano.
Pero esta mayor capacidad de intervención política de la ciudadanía, más allá de su
participación en las urnas, fue bastante mal usada. Se pusieron frente a ellas los
árboles que no dejaron ver el bosque. Se saturó el panorama político nacional con
cuestiones menores, y el ciudadano no llegó a formarse una concepción general de la
problemática nacional que abarca suficientemente todos los campos de sus
actividades.
Así, el Pueblo fue comprendiendo que no debía permanecer indiferente ante los
problemas políticos nacionales y adoptó la decisión de ser protagonista de su historia,
rompiendo con los esquemas tradicionales que intentaron relegarlo a la simple
condición de espectador.
El “cambio” ya no consiste en una abstracción vacía. El Pueblo todo quiere conocer el
signo, el sentido y el contenido preciso de esa expresión. Es que el Pueblo advierte con
claridad que si el cambio no es nacional, no responderá a sus reales necesidades.”
Juan Perón. Modelo Argentino para el Modelo Nacional

La Comunidad debe “sentirse partícipe” de las grandes decisiones nacionales. Eso puede
lograrse abriendo la acción ejecutiva de gobierno a todas las representaciones sociales y
políticas brindando un marco institucional adecuado como los Consejos socioeconómicos y la
apertura de las acciones ejecutivas a los Partidos Políticos además de su tradicional función
legislativa.
Pero lo fundamental es impregnar de un espíritu autodeterminante al conjunto de la
Comunidad, transparentando la acción política de todas las dirigencias que deben previamente
ponerse de acuerdo en un plan estratégico y ordenar los principios fundamentales que
sostendrán el esfuerzo común para lograr el objetivo deseado. Esos principios doctrinarios que
van a regir la acción política deben ser compartidos a toda la Comunidad y luego el Gobierno
tiene que sistematizar el esfuerzo del conjunto planificando los compromisos tomados.
Los nuevos partidos políticos.
Mucho se habla de la crisis de las representaciones partidocráticas y siempre se tiende a
pensar al peronismo como una impugnación a la forma de representación de los Partidos
Políticos. Los Consejos Socio-Económicos por ejemplo, no son una imposición institucional que
tiende a reemplazar a los Partidos políticos como expresión genuina de la comunidad
argentina. En su última presidencia Juan Perón también incluía en la superestructura ejecutiva
a los partidos políticos generando un nuevo rol para la oposición, propiciando un nuevo ámbito de participación además del Congreso de la Nación. El Consejo para el Proyecto
Nacional era el ámbito que incluía a todas las dirigencias políticas y sociales de la República.
Para este fin se habilitaron oficinas en la Casa de Gobierno para que todas las fuerzas políticas
pudieran opinar y debatir sobre los planes de gobierno de manera directa. También se incluía a
Ricardo Balbín en las reuniones de gabinetes ampliadas.
Dejemos claro entonces que no estamos en desacuerdo con los Partidos Políticos. Estamos en
desacuerdo con los partidos políticos que se sustentan en una filosofía de acción basada en
una representación ciudadana que fomenta el individualismo extremo e impide la vinculación
social con la comunidad. Estamos en desacuerdo con los partidos políticos que quieren
mantener la exclusividad de las decisiones fundamentales de la Nación y que compiten
ferozmente por acceder al gobierno y desde ahí imponer su interpretación.
Es importante este debate para poder articular una interpretación que ayude en el proceso de
institucionalización de las fuerzas políticas que forman parte del Frente de todos para permitir
la continuidad del mismo y su fortalecimiento.
El sentido de la Comunidad Organizada es ordenar las capacidades creativas y constructivas de
una comunidad detrás de un objetivo común como es la grandeza de la Nación. Pero sobre un
objetivo único puede haber variantes de interpretación sobre los caminos a arribar y de eso se
trata la nueva democracia: el debate sobre las distintas alternativas hacia una aspiración
común.
Explicaba Perón que la complejidad del mundo y sus problemáticas exigían una acción política
que fortaleciera a la comunidad en su conjunto es decir Pueblo e instituciones.
Ponía el ejemplo de las democracias de emergencia que reconstruyeron las naciones europeas
luego de ser arrasadas en la segunda guerra mundial. Explicaba que existía entre todas las
fuerzas políticas un acuerdo fundamental que era la reconstrucción de sus países que
permitieron recuperarlas en el transcurso de 10 años.
El líder entendía que ese espíritu de unidad sobre una acuerdo estratégico de las distintas
fuerzas políticas debía sistematizarse en una acción permanente, explicando que ante el
aumento de la conflictividad y complejidad creciente de los procesos socioeconómicos las
fuerzas políticas del país, sus ciudadanos sus dirigentes y sus instituciones más representativas
debían armonizar sus esfuerzos detrás de objetivos comunes manteniendo una diversidad que
se presentara como alternativas para alcanzarlo.
Juan Perón planteaba que el país se encontraba en emergencia debido a la extrema debilidad
de su clase política que había de alguna forma auspiciado 18 años de ignominia institucional
detrás de dictaduras de todo tipo y democracias proscriptivas. Esto sumado a la destrucción
del espíritu de solidaridad logrado en el hombre argentino en los dos primeros gobiernos
peronistas generaban una enorme labilidad institucional, que el país lamentablemente vería
estallar luego de la muerte del líder.
Claro que la conformación de la democracia integrada se fundamentaba también en la
necesidad de dejar atrás los ordenamientos políticos detrás de ideologías racionalistas dando
lugar a la organización de las nuevas capacidades creativas de la Comunidad. Había que promover la capacidad creativa de la misma generando la elaboración de una nueva identidad
ideológica en proceso dinámico y permanente, incorporando a los mecanismos
representativos el nuevo derecho humano del ciudadano moderno: el derecho a construir su
destino.
Por lo tanto los marcos ideológicos que dieron nacimiento a los viejos partidos políticos,
debían dejar paso a nuevas formas de construcción identitaria que permitan a la comunidad
toda ser parte de esa acción creativa. Por eso el planteo expresado en el Modelo Argentino era
de ponerse de acuerdo no en plataformas ni esquemas ideológicos sino en grandes principios
comunes para ordenar ese proceso. La función de las dirigencias no sería la de elaborar el
camino a seguir, sino el de coordinar las potencialidades creativas de la comunidad en ese
sentido.

“…En primer lugar, nada se edifica sin claridad de objetivos, sobre la base de una
ideología común que reúna a hombres que sienten de la misma manera, lo que se
considera fundamental para el país. Sabemos que esto se concreta en una doctrina que
abre un amplio espacio de coincidencia aceptado por la mayoría de la comunidad para
ponerlo en práctica en su organización.
Es necesario, además, instaurar un inalienable principio de objetividad. Que la
organización sea objetiva significa que todo fundamento de estructuración debe
prescindir de abstracciones subjetivas, recordando que la realidad es la única verdad. Y
no puedo pensar otro criterio de objetividad que no sea la presencia de la voluntad del
pueblo como guardián de su propio destino.” Juan Perón. Modelo Argentino para el Modelo Nacional

En ese sendero podría haber distintos acentos e interpretaciones sobre la mejor manera de
arribar al objetivo querido por todos, lo que brindaría una diversidad enriquecedora que sería
la base para una nueva conformación partidaria.
En ese camino la Unidad podría darse detrás de tres grandes principios generales. Nada ni
nadie podría promover acciones en contra de la Justicia social, la independencia económica y
la soberanía política de la patria.
Ahora bien, dentro de ese amplio abanico ideológico podría haber lugar a diversidades que
quizás podrían diferenciarse en acentuar más los derechos individuales o los sociales, o que se
apoyara en los clásicos momentos económicos de expansión o contracción. Es difícil saberlo
porque deberá surgir libremente como expresión de la nueva participación comunitaria.
Desde esta perspectiva quizás podemos interpretar mejor la actitud expresada por el líder en
su tercera presidencia cuando intentó sin éxito dejar a Ricardo Balbín como presidente de la
republica ante la mirada atónita de todas las dirigencias partidocráticas de entonces,
especialmente las del justicialismo y el radicalismo que se opusieron férreamente.

Fundación Villa Manuelita
Compartir esta entrada