Galasso de media cancha: Juan José Valle
Ilustración: Luis Schinca
Norberto Galasso y Fabián Mettler cuentan la vida de Juan José Valle en el programa Galasso de media cancha. Militar de extraordinario valor y de profundas convicciones, murió fusilado por la Revolución Libertadora, a la que intentó deponer a través de un alzamiento cívico-militar.
Juan José Valle
Nace en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1904. Ingresa en el Colegio Militar, donde los superiores pronto lo elogian, diciendo que “(Valle) Es un cadete de muy buena moral y de condiciones físicas sobresalientes. Inteligente y estudioso, con una marcada independencia en sus ideas (…)”. Egresa como subteniente en 1922, con excelentes calificaciones. En 1935, se casa con Dora Prieto, con quien tiene una hija (Susana). En su carrera militar alcanza altos cargos, entre ellos, el de Director General de Fabricaciones Militares. Al producirse el bombardeo aéreo a la Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955 –con el saldo trágico de más de 400 muertos-, el general Valle interviene en la rendición de los rebeldes. Inmediatamente después de darse el golpe contra Perón, el 16 de septiembre de 1955, lo detienen y lo mandan preso, junto con otros oficiales leales, a un barco anclado cerca de Buenos Aires. Allí, surgen los primeros planes para insurreccionarse. En enero de 1956, le otorgan prisión domiciliaria. Cumple un par de meses, pero luego se fuga y pasa a la clandestinidad. Organiza en ese periodo, junto con el general Tanco, el teniente coronel Cogorno y otros altos oficiales, el Movimiento de Recuperación Nacional. A fines de mayo de 1956, la sublevación organizada por este movimiento, está en marcha. El Gobierno, que ya conoce por intermedio de sus servicios el plan de los insurrectos, lo deja correr. Quiere escarmentar a los sublevados. La intentona, planteada para el 9 de junio, se frustra por las prevenciones tomadas con anterioridad. Inmediatamente se dicta la Ley Marcial y pocas horas después, comienzan los fusilamientos, que sumarán alrededor de treinta. El general Valle, acongojado por estas brutalidades, se entrega el 12 de junio, bajo palabra de que se ha de respetar su vida. Sin embargo, la dictadura de Aramburu no cumple, movida por el odio exige más sangre. “Podría haberme exiliado –le explicará Valle a su hija- pero ¿cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados asesinados?”. Actuando como un héroe, prefiere morir a deshonrarse. Y así ocurre. Con augusta serenidad enfrenta esa fatídica noche del 12 de junio de 1956, el temible pelotón de fusilamiento.
Fuente Radio Caput


