20 de noviembre – Día de la Soberanía
Ilustración Silvia Hoffmann
20 de noviembre de 1845 – Obligado: una derrota con espíritu de Victoria!
Por Pablo A. Vázquez*
Gran Bretaña, a pesar de la pérdida de las trece colonias en América del Norte y de enfrascarse en la guerra contra Napoleón, intentó dominar el Río de la Plata en 1806 y 1807.
Ambas veces fueron derrotados, pero, en 1833, los británicos usurparon tanto las Islas Malvinas, más Georgias del Sur, Sándwich del Sur e islotes adyacentes, originando un conflicto que continúa hasta nuestros días.
Se sumó la conquista de Australia, con las colonias penales en 1788, y Nueva Zelanda, bajo su dominio desde 1840, más decenas de islas y puertos. Irlanda no corrió mejor suerte y fue incorporada al Reino Unido en 1801.
En tanto, la victoria de la British East India Company en 1757 abrió la provincia india de Bengala al dominio británico, aunque, tras la revuelta popular de 1857, los territorios de la Compañía pasaron, a año siguiente, a estar bajo la administración de la propia Corona. En 1876, décadas después, el Primer Ministro Disraelí proclamó a la Reina Victoria Emperatriz de la India. Ceilán (actual Sri Lanka) y Birmania fueron sumados a su dominio, que se extendió por el este hasta Malasia y, desde 1841, a Hong Kong tras la primera Guerra del Opio contra China, en defensa de las exportaciones de opio de la Compañía.
El Reino Unido, a su vez, participó de la Guerra de Crimea, entre el Imperio Ruso, Francia, el Imperio Otomano, y el Reino de Piamonte y Cerdeña, que se desarrolló entre 1853 y 1856.
Por el otro lado, Francia tuvo su revolución entre 1789 y 1799, tomando Napoleón Bonaparte tomó el control de la república en 1799. El Primer Imperio francés (1804-1814) se expande a de Rusia a España, afectándonos como colonias dependiente de la península ibérica y abriendo el camino para las intervenciones británicas. Tras la derrota de Napoleón en Waterloo en 1815, y Congreso de Viena mediante, la monarquía fue reinstaurada. En 1830, una sublevación civil estableció la monarquía constitucional de julio, que duró hasta 1848 con Luis Felipe I de Francia. Es en este período que se produce el Bloque francés a México entre 1838 y 1839, más las intervenciones en el norte de Africa, Asia, y en Suramérica con dos bloqueos e intervención armada. La Segunda República Francesa de breve duración terminó en 1852 en que Napoleón III proclamó el Segundo Imperio francés. Pero los fracasos de la Segunda Intervención Francesa en México, el desgaste de la guerra de Crimea y la derrota en la Guerra Franco – Prusiana de 1870 hicieron que el régimen bonapartista fuera sustituido por la Tercera República Francesa.
De las incursiones imperialistas francesas dio cuenta José María Rosa al reseñar – hablando sobre el antepasado de un diplomático egipcio en su época de embajador en Grecia, de 1974 a 1976 – que: “Abd-El-Kader, el caudillo argelino que defendió en 1840 su tierra contra los franceses y los “spahis” nativos… derrotado Abd-El-Kader después de una resistencia de quince años, el caudillo se refugió en Alejandría. … al mismo tiempo que el Caudillo de Argel defendía como un león su patria contra los franceses y sus auxiliares cipayos… los diarios de Rosas traían muchas informaciones sobre las hazañas de Abd-El-Kader, y por similitud con la situación de mi patria (lo) enaltecían… la derrota final de Abd-El-Kader en 1847 fue llorada en los diarios de Rosas como propia, y tal vez como un presagio de la derrota nuestra que ocurrirá poco después”.
Es así como Abd-El-Kader- según lo detalló Rafael de la Morena Santana -, enterado de la invasión francesa a Argelia en 1830, regresó a su patria para combatir. En 1834 obligó al general Desmichels a firmar el Tratado de Paz, que le aseguró al Emir argelino la libre posesión de un territorio inmenso, pero los franceses no respetaron el acuerdo y Abd-El-Kader volvió a conducir a sus fieles a la lucha. Sus victorias llevaron a los colonialistas a firmar en 1837 el Tratado de Tafua, que constituyó una tregua por dos años. Al tiempo el mariscal Valée exigió rectificar a favor de Francia el Tratado de Tafua, Abd-El-Kader se negó, los colonialistas iniciaron las hostilidades y el Emir proclamó la yihad en 1839.
Las acciones nos son conocidas y van en espejo con lo sucedido en Vuelta de Obligado y más tarde con Caseros: “Los franceses intensificaron la agresión: la flota gala bombardeaba las posiciones de los patriotas, miles de soldados llegaban de la metrópoli equipados con el armamento más moderno de la época, que empleaban indiscriminadamente contra la población. Además, el general Bugeaud practicó una política de «divide y vencerás», que incluía falsas promesas de reformas y sobornos. La heroica resistencia argelina fue perdiendo sus bastiones (…). El 14 de agosto de 1844 fue la batalla decisiva, en la cual a pesar del arrojo de la vanguardia dirigida por el Emir en persona, los islámicos sufrieron una dura derrota, y esta, junto al bombardeo sobre la ciudad marroquí de Tánger por la escuadra del príncipe Joinville, provocaron el abandono de su reciente aliado.
A pesar de la escasez de recursos, Abd-El-Kader continuó la lucha contra los colonialistas (…) pero abrumado por el poderío de Francia, que amenazaba con aniquilar al pueblo, Abd-El-Kader ordenó a sus guerreros deponer las armas y entregó al mariscal Lamoriciere, el 23 de diciembre de 1847, la espada que con tanta bravura sostuvo contra los invasores durante 18 años”.
Por el lado inglés, luego de entablar sucesivas guerras en Mysore (India) contra Fath Alí Tipu (Tipu Sahib) en 1799 fue derrotado. De la derrota del “Tigre de Mysore” – que inspiró a Julio Verne en su personaje del capitán Nemo – devino una opresión imperialista que desató en 1857 la Gran Insurección de 1857 liderada por hindúes y musulmanes, implementando los ingleses matanzas a mansalva.
Con los años desde Africa Muhamad Ahmad combatió a los ingleses comandados por el general Charles George Gordon – apodado “El Chino” por sus matanzas durante la Guerra del Opio – y fundó el estado revolucionario de la Mahdiya en Sudán en 1885.
México no estuve inmune, ya que enfrentó la invasión de EE. UU entre 1846 y 1848. Y en el medio de las disputas entre liberales y conservadores, éstos intentarían nuevamente hacerse con el poder, apoyados por la intervención francesa que creó el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano de Habsburgo. La invasión francesa y el imperio concluyeron en 1867 con el fusilamiento de Maximiliano.
Y llegamos a la Confederación Argentina, a los bloqueos, la lucha popular, la resistencia encarnada por el Brigadier General Juan Manuel de Rosas.
Esas cadenas que pretendieron impedir el avance anglofrancés, trayendo el libre comercio y los cañones del imperialismo. Dividir nuestro territorio en la “República de la Mesopotamia” y someternos como colonia. Mercenarios argentinos, italianos – como Garibaldi – y alemanes. Demasiados cañonazos necesitaron para exterminar a Mansilla, Thorne y demás patriotas en las cuatro baterías, siendo una batalla librada gallardamente por el Regimiento de Patricios.
La afrenta de Malvinas no fue olvidada si uno ve la continuidad de la lucha simbólica del gaucho Rivero en ambas tierras. Y no lo fue tampoco para las mujeres de San Pedro y San Nicolás que dieron batalla – cual herederas de Juan Azurduy – como María y Josefa Ruiz Moreno, Francisca Navarro, Carolina Nuñez, Petronina Simonino y otras.
José Luis Muñoz Azpiri (h) consignó: “Triunfante en París, la revolución de febrero de 1848, que da por tierra la monarquía orleanista y el ministerio de Guizot, Manuel de Sarratea, enviado argentino en Francia y amigo personal del nuevo Ministro de relaciones Exteriores, Alphonse de Lamartine, comunica a Buenos Aires que luego de una entrevista con el flamante Canciller, ha arribado al convencimiento de que toca a su fin la aventura en el Plata. El gobierno provisional lo ha recibido oficialmente, dice, y, al despedirse la guardia del Ayuntamiento lo ha aclamado con un estentóreo “¡Vive la Republique Argentine!”.
Luego de la derrota militar el triunfo político: guerra de guerrillas en las costas argentinas, fracaso en el intercambio comercial y desmoralización del invasor.
De los cañonazos de guerra a los cañonazos para desagraviar a nuestra enseña de la Confederación. De la sangre desramada a la victoria por la Soberanía. Fue esa lucha llevada adelante por Rosas y su pueblo que nos hermano con los pueblos árabes, mexicanos, chino, hindú, argelino, egipcio y demás contra el imperialismo.
Hubo victorias y derrotas, los años pasaron, pero las luchas son las mismas. Hoy cada día, en cada cañonazo de los organismos internacionales financieros, de las multinacionales y de los medios monopólicos de prensa, la respuesta es una: defender nuestra soberanía de la ingerencia imperialista como lo hizo Rosas, como Perón, como nuestros combatientes en Malvinas, como lo hace desde siempre nuestro pueblo…

